viernes, 8 de agosto de 2014

La primera mirada


La historia de nuestro amor comienza pocos meses después de mi nacimiento, 24 de abril de 1993, cuando tuve mi primer ataque de asma, desde entonces muchas noches necesitaba ir repetidas veces de emergencia al hospital a recibir oxígeno, antes de recibir comida solida por primera vez que había recibido oxigenó por mascarilla incontables veces.
Mi papá es policía, por lo cual cada cierto tiempo lo pueden designar a diferentes lugares del país, el primer lugar al que lo mandaron, después de mi nacimiento, fue la calurosa ciudad de Piura, donde con apenas días de nacida mi mamá decidió que sería bueno viajar, sin embargo ese viaje es parte de otra historia; el verano antes de que cumpliera dos años mi papá fue transferido aun lugar completamente distinto, el frío del altiplano, la histórica ciudad de Puno.
Fue la primera vez que viajé en avión, por un convenio de estado, al ser mi mamá profesora del estado fue transferida junto a mi papá a la misma ciudad,así que esta vez no tuvimos que hacer un viaje sorpresa. El punto es, durante el viaje iba jugando con mi papá dando brinquitos y risotadas, al poner pie entierra seguimos jugando igual, lo cual fue sencillo en los primeros pasos, pero saliendo ya del aeropuerto mi cara iba tomando colores un poco purpúreos,claro, mis padres no se dieron cuenta y me hicieron saltar y correr hasta que mi cara se puso completamente azul y tuvimos que correr de emergencia al hospital más cercano.
En la misma ciudad de Puno estuvimos algunos meses, ahí pasé mi segundo cumpleaños y mis dos neumonías, sí, a la edad de dos años yo había sobrevividoy a a dos neumonías sin tratar, mis padres, padres primerizos por supuesto, no se dieron cuenta de lo que tenía hasta después de haberme sanado, sí, en ambas oportunidades.
Muchos meses después de nuestra llegada tuvimos la oportunidad de salir de Puno, unas vacaciones, así que fuimos a una ciudad cercana, Arequipa, a mi familia nos encanta hacer turismo y eso fue lo que hicimos, fuimos a Arequipa a conocer y por el mismo motivo nos subimos a un bus que decía “Santuario de Chapi”
El Gran Santuario de Chapi era una pequeña iglesia en gran parte construida de piedra, pequeñita, sin grandes cosas, las vigas eran de madera,al igual de la puerta y el retablo, la iglesia estaba rodeada de absolutamente nada, un gran desierto se extendía por los cuatro puntos cardinales mostrando piedras y tierra.
Pero ahí estábamos y de alguna manera llegamos a hora de misa, así que nos quedamos a oírla; al terminar la misa, mi mamá, algo metiche como siempre,me llevó, muy probablemente contra mi voluntad, a recibir la bendición del padrecito que celebraba la misa, el padre me vio, yo una pequeña niña de dos años vestida de amarillo patito llamé su atención lo suficiente para que preguntara: “¿esta bautizada la niña?” ¿Qué habrá visto en mí para que preguntará por ello? No lo sé y a veces me da miedo pensarlo.
Mi madre, acongojada, más por vergüenza que por remordimiento, respondió que no, que no me habían bautizado aún, entonces el padre les dijo “hay que bautizarla” pidió que esperaran al final de la misa, cuando todos se fueran.
Rato después, quedábamos en el santuario el sacerdote, un par de grupos cerrados ataviados con la indumentaria completa para el primer sacramento y nosotros tres sin nada más que sorpresa y un poco de vergüenza.
El padre se acercó sin más e indicó que me bautizaría en ese mismo momento, junto a los bebes que estaban listos para el sacramento; ante ello con incomodidad mi madre confesó al padre que no estábamos preparados para el sacramento, ni con padrinos, ni con dinero, ni tan siquiera estaban casados por la iglesia, definitivamente nada preparados para un sacramento.
Pero al sacerdote ello no le importó en lo más mínimo, en ese instante hizo llamar a una catequista del santuario, lo único que sé de ella es que su nombre era o es Janet, absolutamente nada más; y la hizo mi madrina, él mismo se ofreció como mi padrino.
Así, ahí, con un buzo amarillo patito, con padrinos improvisados, sin preparación, sin fiesta, sin familia, sin celebración, sin absolutamente nada fuera de lo indispensable para el sacramento, fui bautizada en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, fui hecha hija de Dios.
Pero la historia no termina ahí; el padre nos llevó a conocer el santuario, que era diminuto así que era un recorrido bastante poco. Una pequeña yo de dos años no era exactamente quieta y tranquila, así que mi papá me mandó hacia la Virgen de Chapi diciéndome que ella era mi madrina y que le hablara.
Esto es lo que alguna vez mi papá me dijo que me oyó decir: “madrinita Chapicita, por favor, cúrame de mi asmita” si habrán sido esas mis palabras, no lo sé, yo no lo recuerdo, pero es lo que se me dijo, el hecho es que desde entonces y hasta ahora, casi veinte años después no he vuelto a tener una taque de asma, si bien los médicos dicen que nunca se me quitará por completo y que siempre estaré en riesgo, nada ha pasado.
Ese fue tan solo el primer milagro que Dios hizo en mí, muchos años después volvería a encontrar a María en la figura de la Virgen del Carmen, de quien, curiosamente, se desliga la imagen de la Virgen de Chapi.
La vida es curiosa, pero la vida con fe es alucinante.

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