Rosa.
Ella es la primera Mujer (con mayúscula) después de María a la que conocí. era de esperarse, con un papá policía (ella es la patrona de la policía nacional) y viviendo en una zona policial era difícil ignorar el hecho de que la única gruta que había a la redonda era suya.
En esa misma gruta recibí mis primeras charlas de primera comunión cuando tenía al rededor de diez años, ese mismo año, a mitad de la catequesis pusimos todo el grupo la primera piedra de la que sería la capilla "Santos Rosa y Martín de Lima" donde a fin del año recibí por primera vez la Santa Eucaristía, esa capilla tenía el piso de piedras sueltas, las paredes y el techo eran de paja, la puerta un par de tablas de triplay, tenía una cruz de madera detrás del altar una Virgen pequeña a un lado, una Santa Rosa y un San Martín a ambos lados, las bancas de madera viejitas y nada más. ahí en esa misma capilla recibí por primera vez El Milagro más perfecto.
Años después, habiendo empezado ya la universidad, me inscribí al programa de confirmación, donde se me asignó la mesa (el grupo) bajo el nombre de San Martín, sin embargo, a mitad del año se nos unió a otra mesa... Santa Rosa.
Un año después a la ceremonia de Confirmación se me asignó un nuevo grupo, un núcleo, el nombre de ese núcleo también me lo pusieron, Santa Rosa de Lima.
este año, 2014, se me pidió hacer algo nuevo, guiar una mesa de confirma, mis co-guías y yo propusimos tres nombres, de los cuales se eligió el tercero, que no había propuesto yo, sí, Santa Rosa.
Así pues, es imposible pensar que Santa Rosa de Lima es un nombre más en mi vida, no, ella me prestó su nombre una y otra y otra vez para los momentos más bellos e importantes de mi vida.
Pero, ¿quien es Santa Rosa?
La primera santa de América fue bautizada con el nombre de Isabel Flores de Oliva, mas su rostro de bebe transfigurado era una perfecta rosa, motivo por el cual para alegría de todos, menos tal vez de su abuela por quien la habían nombrado inicialmente, era mejor conocida como Rosa, al menos así me lo contaron cuando era niña.
La pequeña Rosa nació en Lima, pero al fin de su niñez fue a vivir a Quives, a un par de horas de la capital, donde recibió de Santo Toribio de Mogrovejo la plenitud de los dones del Espíritu Santo, es decir, el sacramento de la Confirmación. En esta ceremonia, al parecer -según algo que aprendí recién- el mismo santo le puso por nombre de confirmación - el cual al parecer puede ser distinto al de bautizo - Rosa.
En Quives, Rosa empieza su camino a la santidad con sus mortificaciones, en su juventud su familia volvió a Lima, donde, al haber tenido problemas de dinero, Rosa se ocupaba trabajando en su huerto y en trabajos manuales.
Aunque, a causa de su belleza, sus padres trataron de casarla repetidas veces, ella se negaba y finalmente se unió a la Tercera Orden de Santo Domingo, es decir, era laica; aun así, ella prácticamente se recluyó en una ermita que ella misma había construido saliendo solo con dirección a la Iglesia o a atender a los más necesitados.
Finalmente, fruto del contacto con enfermos cayó enferma y falleció a la edad de 31 años, en olor a santidad.
Santa Rosa de Lima tiene pasajes bellos de su vida como su desposorio con Dios mismo que vale la pena ser escritos con mayor delicadeza, tiempo y espacio.
Y aun cuando no sea la frase más espiritual de esta santa maravillosa, la que más recuerdo es una que alegra mi corazón porque me identifica: "quitarme a mí la música es como quitarme el alimento".
Ella es la primera Mujer (con mayúscula) después de María a la que conocí. era de esperarse, con un papá policía (ella es la patrona de la policía nacional) y viviendo en una zona policial era difícil ignorar el hecho de que la única gruta que había a la redonda era suya.
En esa misma gruta recibí mis primeras charlas de primera comunión cuando tenía al rededor de diez años, ese mismo año, a mitad de la catequesis pusimos todo el grupo la primera piedra de la que sería la capilla "Santos Rosa y Martín de Lima" donde a fin del año recibí por primera vez la Santa Eucaristía, esa capilla tenía el piso de piedras sueltas, las paredes y el techo eran de paja, la puerta un par de tablas de triplay, tenía una cruz de madera detrás del altar una Virgen pequeña a un lado, una Santa Rosa y un San Martín a ambos lados, las bancas de madera viejitas y nada más. ahí en esa misma capilla recibí por primera vez El Milagro más perfecto.
Años después, habiendo empezado ya la universidad, me inscribí al programa de confirmación, donde se me asignó la mesa (el grupo) bajo el nombre de San Martín, sin embargo, a mitad del año se nos unió a otra mesa... Santa Rosa.
Un año después a la ceremonia de Confirmación se me asignó un nuevo grupo, un núcleo, el nombre de ese núcleo también me lo pusieron, Santa Rosa de Lima.
este año, 2014, se me pidió hacer algo nuevo, guiar una mesa de confirma, mis co-guías y yo propusimos tres nombres, de los cuales se eligió el tercero, que no había propuesto yo, sí, Santa Rosa.
Así pues, es imposible pensar que Santa Rosa de Lima es un nombre más en mi vida, no, ella me prestó su nombre una y otra y otra vez para los momentos más bellos e importantes de mi vida.
Pero, ¿quien es Santa Rosa?
La primera santa de América fue bautizada con el nombre de Isabel Flores de Oliva, mas su rostro de bebe transfigurado era una perfecta rosa, motivo por el cual para alegría de todos, menos tal vez de su abuela por quien la habían nombrado inicialmente, era mejor conocida como Rosa, al menos así me lo contaron cuando era niña.
La pequeña Rosa nació en Lima, pero al fin de su niñez fue a vivir a Quives, a un par de horas de la capital, donde recibió de Santo Toribio de Mogrovejo la plenitud de los dones del Espíritu Santo, es decir, el sacramento de la Confirmación. En esta ceremonia, al parecer -según algo que aprendí recién- el mismo santo le puso por nombre de confirmación - el cual al parecer puede ser distinto al de bautizo - Rosa.
En Quives, Rosa empieza su camino a la santidad con sus mortificaciones, en su juventud su familia volvió a Lima, donde, al haber tenido problemas de dinero, Rosa se ocupaba trabajando en su huerto y en trabajos manuales.
Aunque, a causa de su belleza, sus padres trataron de casarla repetidas veces, ella se negaba y finalmente se unió a la Tercera Orden de Santo Domingo, es decir, era laica; aun así, ella prácticamente se recluyó en una ermita que ella misma había construido saliendo solo con dirección a la Iglesia o a atender a los más necesitados.
Finalmente, fruto del contacto con enfermos cayó enferma y falleció a la edad de 31 años, en olor a santidad.
Santa Rosa de Lima tiene pasajes bellos de su vida como su desposorio con Dios mismo que vale la pena ser escritos con mayor delicadeza, tiempo y espacio.
Y aun cuando no sea la frase más espiritual de esta santa maravillosa, la que más recuerdo es una que alegra mi corazón porque me identifica: "quitarme a mí la música es como quitarme el alimento".
No hay comentarios:
Publicar un comentario