domingo, 5 de octubre de 2014

Una palabra para derretir el corazón

Tras mi primer año siendo lápiz en manos del Escritor habían dos personas que me llamaban mamá, era extraño, y en realidad, en ese momento no noté tanto lo que significaba.

Al año siguiente, siguiendo la misma ruta de vida, pusieron en mis manos la joya más bella que me habría podido imaginar.

Siempre había querido ser mamá, pero cuando un amigo me dijo "¿por qué ser madre de pocos cuando puedes ser madre de muchos?" la idea de serlo se fue desvaneciendo poco a poco, dando pie a otros anhelos.

A finales del 2012 me dieron la noticia de que en adelante tendría la oportunidad de dirigir un grupo de aproximadamente 30 chicas que acababan de recibir el sacramento de la confirmación.

Nunca había sido guía, ni siquiera en el programa de confirmación, y no puedo considerar, aun ahora, que tenga dotes de liderazgo.

No sé lo que pasó, no sé como fue, de un día al otro, unas u otras empezaron a llamarme mamá y aunque no sé quien fue, ni cuando ni donde fue, la primera vez que una de ellas lo dijo supe que estaba perdida para siempre.

Con esa simple palabra que es la primera de muchos, por no decir casi todos, el corazón se me hizo pequeño y grande a la vez, una simple palabra podía estrujarme el alma y hacerla flotar al mismo tiempo, en ese momento, con esa palabra y aunque nadie lo supiera, sabía que había perdido para siempre y que de entonces en adelante no podría no amar hasta el extremo a quien así me llamara, en ese instante supe que mi vocación era amar.

Durante todo el 2013 me vi obligada a aprender a dar charlas, a aprender a oír sin interrumpir, a consolar sin preguntar, me vi en la necesidad de orar con más ahínco y lo más duro fue que tuve que aceptar que yo que había aprendido a buscar los lugares más pequeños y los cargos más ínfimos tendría que ser en adelante modelo para otras personas, que mi corazón que por fin había aprendido a buscar humillaciones tendría que ser referencia para otros, exactamente ello que había buscado con tanta fuerza erradicar tendría que ser el camino a seguir pero sin perder la humildad, el reto más difícil de enfrentar, la meta más difícil de cumplir.

Después de todo ese año no todas siguieron en el grupo, sin embargo, todo es tal como debía ser y así debe ser.

Pero, una no es madre solo una vez, sino para siempre, y aunque el 2014 trajo sus propios cambios, es una historia tan completamente distinta que no pertenece al mismo lugar.

Solo una cosa más, de ese grupo de aproximadamente 30 chicas, quedan unas 18, 18 personas que tiene el poder de hacer que haga lo que quieran con solo un "mamá" de por medio, 18 personas que cada vez crecen más y cada vez necesitan menos de mí, 18 personas gracias a las cuales de alguna extraña manera he podido entender lo que siente una madre, 18 personas que cambiaron por completo mi vida, mi alma y mi corazón.

Gracias margaritas, las amo cada día más


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