Hace un tiempo soñé que un médico me decía que solo me quedaban unos meses de vida.
No es sencillo explicar la alegría que esa noticia me causaba, tal vez pueda sonar ridículo o incluso pretencioso, pero era sinceramente feliz.
No es que desprecie la vida, por el contrario, la amo; es solo que la vida más dichosa en la tierra no se compara a la mínima alegría del cielo, y es esa alegría la que realmente espero.
En mi sueño solo había una preocupación, que además, creo que es la preocupación más grande de todos aquellos que ven venir su muerte inminentemente y no tienen grandes pesares en el alma que les haga rehuir de la eternidad... y es la familia.
¿cómo se sentirán? ¿qué harán? ¿me llorarán? ¿me irán a extrañar? ¿les haré falta? y en mi caso como en el de muchas personas que conozco ¿quien les procurará el acercamiento a Dios?
Esta última pregunta era la única que me turbaba y que me siguió turbando aun después de varias horas despierta: cuando yo me haya ido ¿qué será de su relación con Dios?
Es difícil ser la única persona coherente a plenitud con su fe dentro de una familia, e imagino que con una familia que profese un credo distinto debe ser aun más duro. A veces es cansado luchar contra el mundo, llegar a tu hogar y tener que seguir luchando y claro... a veces tu familia natural no es tan fuerte como tu familia espiritual.
A mi duda constante, la única respuesta que hallé fue unificar estas dos familias mías, que mis hermanos y hermanas en el Espíritu compartieran más con mi familia de la carne, y así tal vez cuando me haya ido, ellos permanecerán y tal vez alguno de ellos lograría completar la labor que yo no había logrado culminar.... unirlos a Cristo.
Pero, quiero firmemente volver al punto anterior, la alegría ante la inminencia de la muerte... más de un santo ha vivido en carne propia el deseo ardiente de morir, pero no por el vano deseo de acabar con sus vidas, sino con el santo anhelo de permanecer con Cristo.
Quien ha vivido su vida de acuerdo a Dios nada ha de temer frente al tribunal eterno, y más aun, quien ha vivido en el lodo del mundo y se ha bañado en las aguas puras de la penitencia y la reconciliación, serán, como el hijo prodigo, recibidos con los brazos abiertos del Padre eterno.
Santa Teresita del Niño Jesús llamaba a esta vida "El Exilio" y decía que después de dejar este mundo llegaríamos a la casa paterna; entonces, porque preocuparse por morir, ¿qué es la muerte sino el paso para llegar al Cielo?
Claro, no podemos ir temerariamente buscando el fin de nuestra vida mortal, Él conoce nuestros tiempos y nuestras misiones, y como me dijo un sacerdote una vez: "si estas aquí es porque Dios te necesita aquí"
No perdamos de vista esto, vivimos en el exilio, esperando la llegada a la casa paterna, pero en el camino vamos recogiendo las flores y joyas que presentaremos al Padre cuando toquemos su puerta, no querrás llegar con las manos vacías si tu camino, aun en el mismo paso de la puerta, Él te dejó todo lo que necesitas.
y tú ¿como asumirías tu próxima muerte?
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