Si tengo que elegir entre todo o nada en el
amor a Dios, no lo dudo, ni lo vuelvo a pensar, yo lo elijo todo; todo el amor,
todo el dolor, todo el cansancio, toda la pasión, toda la cruz, toda la luz; yo lo elijo todo porque en todo estará
Dios.
Estas palabras me brotaron anoche mientras
respondía una pregunta, estaba segura de haber oído algo parecido en algún
lado, pero no encontré ninguna referencia.
Sinceramente, todo surgió por una frase del Apocalipsis, que habla sobre la tibieza del corazón, la tibieza del amor.
El evangelio dice que Jesús nos amó en
extremo, y es que el extremo es el único modo de amar de Dios, de Cristo, por
ello los cristianos, los nuevos cristos debemos amar en la misma medida,
debemos amar en extremo.
Aunque claro, no podemos cerrarnos a pensar
que solo damos amor a las personas, el amor más importante y más grande de
nuestras vidas será el amor que compartimos con Dios mismo.
Pero, ¿qué es ser tibio? es una pregunta
fácil y difícil de responder. fácil porque el tibio es aquel que no es frio ni
caliente, esos seres extraños que dicen amar a Dios y tornan sus palabras en
obras, y difícil porque como lo comprobé anoche, decirle a alguien sobre su
tibieza puede resultar catastrófico, como mi papá anoche; aunque eso supongo es
parte de otra historia.
El tibio, como iba diciendo, ha elegido
vivir SU fe, literal, no sigue la fe de la Iglesia, ni la fe dada por Dios,
sino su propia fe, sus propias creencias, sus propios ritos, sus propias ideas;
el tibio puede llegar a olvidar el verdadero camino con tal de seguir su
comodidad.
Y ahí va otra característica del tibio, está
cómodo, sí, está cómodo, cree en lo que lo hace sentir bien, no se exige nada
más de lo que quiere dar, no se pelea con nadie, no le importa nada, todo es
relativo para el tibio. Como si fuera tan lógico pensar que si Dios vino y te
mostró el camino perfecto tú puedas crearte un camino mejor que Él para llegar
a Él.
El tibio tiene miedo, sí, dentro de todo,
aun cuando no lo sepa, aun cuando no lo quiera aceptar, tiene miedo, miedo de
acercarse más, miedo de darlo todo, de tomarlo todo, porque sabe que tendrá que
dejar su comodidad para vivir una vida incomoda y llena de riesgos.
Los amores de fuego lo tienen todo, lo
toman todo, lo buscan todo, y lo entregan todo. Ya no temen nada porque no
tienen qué temer, ya no hay nada que se el mundo les pueda arrebatar, porque
aun lo más preciado no es suyo, sino de Aquel que se los dio.
Entonces, ¿qué eres? ¿Frío, tibio o caliente?

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