lunes, 1 de diciembre de 2014

El Año del Amor


El día de hoy, primer domingo de adviento, la Iglesia católica inicia un nuevo año litúrgico, año B si no me equivoco.

lo especial y chevere de este año es que no es un año más, sino que el Papa Francisco ha declarado este año como "Año de la Vida Consagrada" lo que es muy muy genial.

El nombre del año no es algo irrelevante para mí, sino que me lleva a pensar, recordar y preguntar varias cosas.

Pensar. 
seriamente hablando, hay muy pocas vidas consagradas a Dios, es decir, no es que ya no hayan llamados a vivir únicamente para Cristo, sino que tantísimos jóvenes con la comodidad de este mundo se deja persuadir y cierra oídos, alma y corazón al llamado de la vocación religiosa.
pienso que no puede ser cierto que no hayan llamados, es histórico ver que cuando la Iglesia ha vivido sus peores momentos más abundantes y más fuertes son las consagraciones a la vida religiosa y exclusiva para Dios; hoy en día vivimos uno de los episodios más cruentos en la historia de la Iglesia, matan cristianos tanto como al principio de nuestra era, y aun donde no los matan se nos prohíbe hablar o manifestar nuestra fe bajo diversas amenazas que van desde la burla hasta la cárcel y aunque sea redundante, la muerte.
durante siglos de historia hemos visto como cada vez que la Santa Madre Iglesia esta siendo llevada casi casi a su tumba llegan de todos los puntos de la tierra jóvenes listos para emprender el camino de la santidad, y la arrancan del foso a donde el mundo la quiere enterrar, he ahí nuestra fuerza motora.
ahora, no digo que el único camino de la santidad es la consagración religiosa, hemos visto cada vez más y más ejemplos de laicos alcanzando el ser inscritos en el libro de los santos. pero quien les va a mostrar a los laicos el camino a Dios si no es alguien que comparte su vida entera y exclusivamente con Dios, no sé si alguien discrepe, pero creo que los consagrados tienen una visión más directa del cielo en la tierra de la que nosotros, laicos tenemos.

Recordar.
hace más de un año mi mejor amiga, hermana de converción y formación, consagró su vida a Dios, no creo haber visto a alguien más feliz, no creo haber sentido alguna vez un amor más puro y desinteresado que el que sentí al verla marchar, cuando al verla alejarse en ese carro junto a otras chicas que daban el mismo paso pude mantenerme alejarme sin pensarlo dos veces, sabiendo que el amor que había en esa amistad era de Dios y que en Él estaríamos juntas porque a Él amamos y Él nos ama, sabía que la cercanía física no significa nada y entendí claramente el mensaje de Jesús al decir que "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican" (Lc 8, 19-21).

Preguntar.
es imposible vivir una vida plenamente comprometida con la fe Católica sin plantearte al menos una vez cuál es la vocación que Dios tiene para cada uno. 
la primera vez que me lo pregunté tenía 17 años, el fruto de esa pregunta fue la vocación de la Hermana que mencioné antes, lo cual no supe hasta después por supuesto, como suele suceder con los frutos de todas las obras que hacemos.
Preguntar qué es lo que Él quiere de ti no da miedo si sabes que lo que sea que Él quiera, será siempre, SIEMPRE, lo mejor para ti, y que eso mismo te hará más feliz de lo que puedas imaginar, aunque tengas que renunciar a todo, ganarás más de lo que puedas imaginar porque lo ganarás a Él y habrás cumplido su voluntad, ¿qué más se puede pedir que hacer feliz a Dios?

y tú...¿te lo has preguntado ya? no temas la respuesta, pero sobre todo no dejes de orar por que hayan más corazones dispuestos a entregarse y quien sabe, tal vez tú también puedas sentir ese mismo amor que sentí al ver a mi hermana partir y volver siendo Hermana o uno aun mayor.  

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