La hora esta proxima, el universo entero se place en el nacimiento de Jesús, pero nadie se place tanto como la Madre de Dios.
Solo una persona puede llamarse al mismo tiempo Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu.
Y Maria guardaba todas estas cosas en su corazón, el silencio de María es tan grande como el Sí que dio al ángel y con el cual inició todo.
Solo el silencio puede abarcar el infinito, y es exactamente el infinito lo que María vivía.
Era inifinita la gracia de saber que el niño en su vientre era el hijo de Dios, así como era infinita la alegría del nacimiento del Hijo.
No habían palabras para expresar la grandeza de los sucesos que acontecían en la vida de la Virgen de Nazareth, no habían palabras en la que había encarnado La Palabra.
María, la libre esclava, nos enseñe a encarnar como ella La Palabra de Dios y a decir siempre sí, un constante Sí, sí aquí y ahora. Y cada instante de nuestras vidas sea un Sí a Dios y a su voluntad.
En pocas horas nacerá el Cristo esperado y prometido por los siglos. Pronto, ya muy pronto el cielo y la tierra cantaran aleluyas y glorias al Señor.
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