Faltan 6 días para Navidad, La Estrella de Belén ya nos ha enseñado algunas cosas, la misma estrella nos ha llevado al pueblo de Belén, a las afueras del mismo, específicamente a una cueva usada por los pastores para guardar a sus animales...
En primer lugar, Belén, la ciudad de David, esa pequeña ciudad olvidada en el tiempo a través de la historia del pueblo judío, de donde había salido el joven David a reinar sobre Israel.
Veamos aquí las razones por las cuales la Sagrada Familia llega a Belén, el evangelio (y la historia lo corrobora) indica que hubo un censo, uno al que no esta de más indicar los judíos más apegados a la ley se opusieron de una u otra forma dado que era prohibido para ello contar al pueblo elegido; el censo mandado por el César que lleva a José y María a Belén pone de manifiesto como a través de la historia y de los actos humanos Dios se las ingenia para cumplir su promesa, tal y como había sido anunciada.
Es sencillo pensar en un San José camino a su ciudad natal con la esperanza de encontrar antiguos amigos, familiares o algún conocido que lo acogiera como parte de la familia en su casa, es sencillo pensar en él caminando seguro hasta Belén de Judá sin dudar que encontrará un lugar cómodo y acogedor donde pasar la noche y la estancia completa mientras se realiza el censo.
Sin embargo, nadie les dio posada, el carpintero confiaba en la generosidad de sus paisanos y todos le dieron la espalda, esto nos lleva a preguntarnos, cuántas veces nosotros, bautizados y por tanto emparentados con Cristo nos volvemos contra Él cuando nos busca, cuando confía en que nosotros le demos un hogar, un espacia, tan siquiera un rincón dentro nuestro. cuántas veces somos ese Belén que ignora a su propio hijo y cuantas otras el portal que lo adopta.
La negativa de la "ciudad" de Belén lleva a la familia a salir de ella, buscan un lugar en las afueras, y es en las afueras del pueblo donde nace El Niño, ahí donde no hay comodidades, donde el bienestar no es lo primero, nace apartado de aquellos que nos llamamos civilizados, ha sido arrojado fuera de la ciudad de los hombres.
Pero si bien la primera, no será la ultima vez, así mismo, 33 años después, será echado fuera de la ciudad, esta vez Jerusalén, a morir en un monte fuera de las murallas, a morir como nació, lejos de los que se hacen llamar sabios y poderosos, el Rey de Reyes nace y muere rechazado y abofeteado por sus propias criaturas, las cuales aun miles de años después lo siguen tratando de la misma manera, y él vuelve a nacer y vuelve a morir fuera.
Finalmente, la familia llegará a una cueva, que era usada por los pastores para guardar a sus animales, para protegerlos del frío y de la noche, la cueva no es cómoda, no hay más luz que la de las estrellas y tal vez alguna lampara que el patriarca hubiere llevado consigo, no hay cojines ni alfombras, no hay oro ni plata para recibir al Gran Rey, pero hay una cosa que no tuvo el pueblo de Belén ni Jerusalén, hay Amor.
Y ese pequeño establo olvidado a las afueras de una ciudad cuasi olvidada se hizo en su humildad el lugar perfecto, se hizo el pedazo del Cielo en la tierra, porque ahí estaba Dios, más pleno que nunca antes, fueron sus paredes y su suelo los que oyeron el primer grito del Esperado, fueron sus animales los primeros seres que lo adoraron, ahí en su humildad se dio por fin el momento culmen de la humanidad.
Ahí nació Jesús, ¿Estas listo para ser tú también ese portal?
En primer lugar, Belén, la ciudad de David, esa pequeña ciudad olvidada en el tiempo a través de la historia del pueblo judío, de donde había salido el joven David a reinar sobre Israel.
Veamos aquí las razones por las cuales la Sagrada Familia llega a Belén, el evangelio (y la historia lo corrobora) indica que hubo un censo, uno al que no esta de más indicar los judíos más apegados a la ley se opusieron de una u otra forma dado que era prohibido para ello contar al pueblo elegido; el censo mandado por el César que lleva a José y María a Belén pone de manifiesto como a través de la historia y de los actos humanos Dios se las ingenia para cumplir su promesa, tal y como había sido anunciada.
Es sencillo pensar en un San José camino a su ciudad natal con la esperanza de encontrar antiguos amigos, familiares o algún conocido que lo acogiera como parte de la familia en su casa, es sencillo pensar en él caminando seguro hasta Belén de Judá sin dudar que encontrará un lugar cómodo y acogedor donde pasar la noche y la estancia completa mientras se realiza el censo.
Sin embargo, nadie les dio posada, el carpintero confiaba en la generosidad de sus paisanos y todos le dieron la espalda, esto nos lleva a preguntarnos, cuántas veces nosotros, bautizados y por tanto emparentados con Cristo nos volvemos contra Él cuando nos busca, cuando confía en que nosotros le demos un hogar, un espacia, tan siquiera un rincón dentro nuestro. cuántas veces somos ese Belén que ignora a su propio hijo y cuantas otras el portal que lo adopta.
La negativa de la "ciudad" de Belén lleva a la familia a salir de ella, buscan un lugar en las afueras, y es en las afueras del pueblo donde nace El Niño, ahí donde no hay comodidades, donde el bienestar no es lo primero, nace apartado de aquellos que nos llamamos civilizados, ha sido arrojado fuera de la ciudad de los hombres.
Pero si bien la primera, no será la ultima vez, así mismo, 33 años después, será echado fuera de la ciudad, esta vez Jerusalén, a morir en un monte fuera de las murallas, a morir como nació, lejos de los que se hacen llamar sabios y poderosos, el Rey de Reyes nace y muere rechazado y abofeteado por sus propias criaturas, las cuales aun miles de años después lo siguen tratando de la misma manera, y él vuelve a nacer y vuelve a morir fuera.
Finalmente, la familia llegará a una cueva, que era usada por los pastores para guardar a sus animales, para protegerlos del frío y de la noche, la cueva no es cómoda, no hay más luz que la de las estrellas y tal vez alguna lampara que el patriarca hubiere llevado consigo, no hay cojines ni alfombras, no hay oro ni plata para recibir al Gran Rey, pero hay una cosa que no tuvo el pueblo de Belén ni Jerusalén, hay Amor.
Y ese pequeño establo olvidado a las afueras de una ciudad cuasi olvidada se hizo en su humildad el lugar perfecto, se hizo el pedazo del Cielo en la tierra, porque ahí estaba Dios, más pleno que nunca antes, fueron sus paredes y su suelo los que oyeron el primer grito del Esperado, fueron sus animales los primeros seres que lo adoraron, ahí en su humildad se dio por fin el momento culmen de la humanidad.
Ahí nació Jesús, ¿Estas listo para ser tú también ese portal?
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