miércoles, 20 de agosto de 2014

Del odio al amor

La primera vez que tuve que fui parte de un equipo de confirmación tiene su propia historia y su propia moraleja...

Había pasado el verano después de mi confirmación, había entrado al coro e iba una vez a la semana a misa en la capellania para cantar.
Un miércoles Cualquiera me encontré con una amiga cercana, habíamos estado en el mismo grupo de cachimbos y nos habían puesto en el mismo grupo de confirmación el año anterior.
Me comentó que le habían pedido que forme parte del equipo del programa de confirmación y que iba a ser guía (o catequista) ese año.
El sentimiento que tuve en ese momento no se puede llamar de otra forma que no sea envidia.
Un poco cegada por la soberbia me determiné a ser guía yo también, y cada que iba a la capellania preguntaba con quien podía hablar.
Empecé a ir a misa dos o tres veces a la semana a cantar y a incordiar a todo cuanto podía con un ahínco único a pesar de mi natural forma de ser callada y apática.
Un día, por fin, me dieron un nombre, un consagrado con quien podía hablar para ser parte del equipo.
Me acerqué corriendo, y le dije que quería apoyar en el equipo, que por favor me dejara participar. Él me invitó a una jornada que tendrían el domingo siguiente a la que por supuesto, yo fui.
A la mitad de la jornada de ese día dijeron los cargos que cada uno tendría, el mío no se mencionó. La vergüenza y el desánimo me inundaron en ese momento dejandome helada y callada y aquella amiga junto a otra que había estado con nosotras en nuestra propia confirma preguntaron por mí dando espacio a que se me incluyera en el último lugar del grupo de servicio.
El trabajo más pequeño entre los pequeños, lo que nunca había querido, ni pedido, toda yo era resentimiento y vergüenza; mi orgullo herido clamaba que dejara todo y me fuera en ese mismo momento.
Solo me detuvo el que esta segunda amiga estuviera en el mismo grupo que yo, aunque claro, ella era la segunda a cargo del grupo y yo apenas nada.
No quise saber nada del tema, seguía yendo a cantar los mismos días y seguía viendo a la misma gente. El primer día del programa hice todo lo que me dijeron, obedecía por completo y no me quejo de nada, pero al final del día solo quería hablar con el consagrado para decirle que me iba a retirar, los buenos modales estaban primero.
Sin embargo, no pude hablar con él, ni esa semana ni la siguiente, ni aun la siguiente a esa.
Mientras tanto, me iba acostumbrando al trabajo que hacía, me entusiasmaba especialmente embellecer la capilla y cantar para una oración.
Me fui enamorando de mis labores pequeñas y mi nula vida espiritual empezó a moverse lenta pero constantemente.
Descubrí a un Rey que era siervo, que se arrodilló frente a sus seguidores y les lavó los pies, un Rey que decía que había venido a servir y no a ser servido.
Ese Rey me enseñó que mis pequeñas labores eran importantes para él y que aunque nadie viera ni supiera lo que hacía era importante, que era necesario que alguien lo hiciera y que me había buscado a mí para hacerlas , no como la última opción, sino como la primera.
Tiempo después El Rey me mostró el camino a Su Corazón, después casi un año entero de haber sido nombrada soldado recién pude estar en presencia real de Él.
Yo, con mis labores pequeñas y mi pequeñísima nada le era útil y agradable a Él y supe que así me quiso ahí.
Así, el puesto que ocupé, el último entre los últimos,  el que más odié en mi vida, se transformó en el primer paso para una verdadera vida y se convirtió en la mejor escuela, que la arrogante y soberbia yo de esos años no sobrevivió. Y que feliz que así sea.

domingo, 10 de agosto de 2014

Con los ojos fijos en Ti

El atardecer debía teñir el cielo de rojo, mas ese atardecer era oscuro cual medianoche, el viento y las olas llevaban la barca sin control, cada vez más lejos de la costa.
En la pequeña barca, los hombres, usualmente tan rudos y duros temían.

Una figura apareció frente a ellos en medio de las aguas, sin tierra bajo sus pies que la sostuviera, “un fantasma” se decían, y el miedo se apoderó de ellos, que rompieron a gritar de pavor.

Pero una voz familiar les dice por sobre el rugir del viento “Tranquilícense, Soy Yo; no teman”

Así, en medio de las tormentas de los días, de las noches oscuras que vivimos, siempre esta Él, con su calmo “no temas” con su “Yo estoy contigo” que calma nuestras tempestades.

Cefas, tal vez el más impulsivo del grupo, responde con algo muy cercano a un reto “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua” y a la simple respuesta de un “Ven” se lanza a caminar hacia Él
¿Caminarías tú sobre las aguas tormentosas para alcanzarlo? ¿Lo haría yo?
Pedro lo hace, fija su mirada en Jesús y camina sobre el agua sin importar el viento, la marea, ni nada absolutamente nada.

Pero algo falla, por un instante el ambiente a su alrededor se apodera de él, mira el viento y el agua bajo sus pies, y teme.

Ese temor lo hace hundirse, ya no mira a Jesús, le desespera el viento, el peligro que corre su vida en ese momento, ¡ha perdido su centro!

¡Cuántas veces nosotros nos hundimos en nuestras propias tormentas!, dejamos de mirar nuestro centro, nuestro fin, nuestro todo para ver el mundo alrededor y tememos.
Tememos tantas cosas, pequeñas o grandes, reales o incluso fictas, pero tememos y ese temor nos distrae de lo que realmente importa, nos distrae de El Maestro que nos dice “Ven” y dejamos de caminar hacia Él por librar solos nuestras batallas sin darnos cuenta que esas batallas no son nuestra meta, sino que la meta es llegar a Él, alcanzarlo a Él.

Pedro temió, y al hundirse en el agua gritó: “Señor, sálvame". Un grito desesperado, de quien cae sin poder distinguir un final, ¿eso es lo que esperas?

“Sálvame” es todo lo que El Señor necesita para tender su mano al discípulo y sostenerlo junto a él sobre el agua.
¡Cuántas veces eso es todo lo que Él necesita para sostenernos a nosotros también! Que se lo pidamos, ¡Aún menos! Que lo dejemos sostenernos, si solo lo dejáramos sostener nuestra mano cuando caemos levantarse sería parte del camino, aun frente a millones de caídas seguiríamos levantándonos ¡Él seguiría levantándonos!

“Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

¿Por qué dudaste?

Acaso no te ha demostrado lo que hace por ti, no por todos, no por todos sus hijos, ni por todos los hombres, ¡no! Por ti.

¿Por qué dudaste? ¿Por qué desviaste la mirada de La Luz? ¿Por qué sacaste del centro de tu vida a quien ES LA Vida?

Finalmente, cuando subieron a la barca el viento se silenció, así solo cuando Él entra a tu barca la tormenta a tu alrededor calla y los ojos pueden ver que no era un fantasma, que nunca fue un fantasma, sino que era quien esperabas.


Así, con los ojos fijos en Él y el corazón lleno de Él, la barca avanza, dulce y pronta a donde Él la dirija sin temor, sin viento, sin mancha.

viernes, 8 de agosto de 2014

La primera mirada


La historia de nuestro amor comienza pocos meses después de mi nacimiento, 24 de abril de 1993, cuando tuve mi primer ataque de asma, desde entonces muchas noches necesitaba ir repetidas veces de emergencia al hospital a recibir oxígeno, antes de recibir comida solida por primera vez que había recibido oxigenó por mascarilla incontables veces.
Mi papá es policía, por lo cual cada cierto tiempo lo pueden designar a diferentes lugares del país, el primer lugar al que lo mandaron, después de mi nacimiento, fue la calurosa ciudad de Piura, donde con apenas días de nacida mi mamá decidió que sería bueno viajar, sin embargo ese viaje es parte de otra historia; el verano antes de que cumpliera dos años mi papá fue transferido aun lugar completamente distinto, el frío del altiplano, la histórica ciudad de Puno.
Fue la primera vez que viajé en avión, por un convenio de estado, al ser mi mamá profesora del estado fue transferida junto a mi papá a la misma ciudad,así que esta vez no tuvimos que hacer un viaje sorpresa. El punto es, durante el viaje iba jugando con mi papá dando brinquitos y risotadas, al poner pie entierra seguimos jugando igual, lo cual fue sencillo en los primeros pasos, pero saliendo ya del aeropuerto mi cara iba tomando colores un poco purpúreos,claro, mis padres no se dieron cuenta y me hicieron saltar y correr hasta que mi cara se puso completamente azul y tuvimos que correr de emergencia al hospital más cercano.
En la misma ciudad de Puno estuvimos algunos meses, ahí pasé mi segundo cumpleaños y mis dos neumonías, sí, a la edad de dos años yo había sobrevividoy a a dos neumonías sin tratar, mis padres, padres primerizos por supuesto, no se dieron cuenta de lo que tenía hasta después de haberme sanado, sí, en ambas oportunidades.
Muchos meses después de nuestra llegada tuvimos la oportunidad de salir de Puno, unas vacaciones, así que fuimos a una ciudad cercana, Arequipa, a mi familia nos encanta hacer turismo y eso fue lo que hicimos, fuimos a Arequipa a conocer y por el mismo motivo nos subimos a un bus que decía “Santuario de Chapi”
El Gran Santuario de Chapi era una pequeña iglesia en gran parte construida de piedra, pequeñita, sin grandes cosas, las vigas eran de madera,al igual de la puerta y el retablo, la iglesia estaba rodeada de absolutamente nada, un gran desierto se extendía por los cuatro puntos cardinales mostrando piedras y tierra.
Pero ahí estábamos y de alguna manera llegamos a hora de misa, así que nos quedamos a oírla; al terminar la misa, mi mamá, algo metiche como siempre,me llevó, muy probablemente contra mi voluntad, a recibir la bendición del padrecito que celebraba la misa, el padre me vio, yo una pequeña niña de dos años vestida de amarillo patito llamé su atención lo suficiente para que preguntara: “¿esta bautizada la niña?” ¿Qué habrá visto en mí para que preguntará por ello? No lo sé y a veces me da miedo pensarlo.
Mi madre, acongojada, más por vergüenza que por remordimiento, respondió que no, que no me habían bautizado aún, entonces el padre les dijo “hay que bautizarla” pidió que esperaran al final de la misa, cuando todos se fueran.
Rato después, quedábamos en el santuario el sacerdote, un par de grupos cerrados ataviados con la indumentaria completa para el primer sacramento y nosotros tres sin nada más que sorpresa y un poco de vergüenza.
El padre se acercó sin más e indicó que me bautizaría en ese mismo momento, junto a los bebes que estaban listos para el sacramento; ante ello con incomodidad mi madre confesó al padre que no estábamos preparados para el sacramento, ni con padrinos, ni con dinero, ni tan siquiera estaban casados por la iglesia, definitivamente nada preparados para un sacramento.
Pero al sacerdote ello no le importó en lo más mínimo, en ese instante hizo llamar a una catequista del santuario, lo único que sé de ella es que su nombre era o es Janet, absolutamente nada más; y la hizo mi madrina, él mismo se ofreció como mi padrino.
Así, ahí, con un buzo amarillo patito, con padrinos improvisados, sin preparación, sin fiesta, sin familia, sin celebración, sin absolutamente nada fuera de lo indispensable para el sacramento, fui bautizada en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, fui hecha hija de Dios.
Pero la historia no termina ahí; el padre nos llevó a conocer el santuario, que era diminuto así que era un recorrido bastante poco. Una pequeña yo de dos años no era exactamente quieta y tranquila, así que mi papá me mandó hacia la Virgen de Chapi diciéndome que ella era mi madrina y que le hablara.
Esto es lo que alguna vez mi papá me dijo que me oyó decir: “madrinita Chapicita, por favor, cúrame de mi asmita” si habrán sido esas mis palabras, no lo sé, yo no lo recuerdo, pero es lo que se me dijo, el hecho es que desde entonces y hasta ahora, casi veinte años después no he vuelto a tener una taque de asma, si bien los médicos dicen que nunca se me quitará por completo y que siempre estaré en riesgo, nada ha pasado.
Ese fue tan solo el primer milagro que Dios hizo en mí, muchos años después volvería a encontrar a María en la figura de la Virgen del Carmen, de quien, curiosamente, se desliga la imagen de la Virgen de Chapi.
La vida es curiosa, pero la vida con fe es alucinante.

domingo, 3 de agosto de 2014

El hijo (mayor) del trueno

Santiago era hijo de Zebedeo, estaba con su hermano Juan pescando cuando Jesús los llamó, las escrituras dicen que dejaron sus redes y a su padre y lo siguieron; pero, pensaba yo, Santiago es el hermano mayor, Juan tenía en ese momento aproximadamente unos 14 años, solo dos años antes había ido por primera vez a la peregrinación a Jerusalén, era prácticamente un niño.

pensaba, tal vez el primer impulso de Santiago haya sido seguir a Jesús y dejarlo todo, todo, incluido su hermano, pero cuando notó que su hermano también iba con él, no me sorprendería saber que haya sido el primero en oponerse, sería la reacción natural de un hermano mayor, cuidar a su hermano, sabía que muchas noches no tendrían donde dormir ni qué comer e imagino las múltiples charlas que pudo haber tenido con él diciéndole que volviera a casa de su padre y siguiera a Jesús, tal vez,  cuando fuera un poco más grande, no porque no quisiera que lo siguiera, solo porque era muy joven, simplemente muy joven.

También pensaba, que después de haber aceptado y asimilado que su hermanito seguiría el mismo camino que él le debió haber prodigado todos los beneficios que pudo darle, tal vez el mejor sitio para dormir, o comer o beber, finalmente, era el menor del grupo y todos eran hombres rudos y toscos, pero ellos dos no eran simples pescadores, eran al parecer hijos del dueño de los botes, tal vez un poco más acomodados que los otros 10 apóstoles.

De hecho, alguna vez tuvo dudas, pero era el hermano mayor, y como hermano mayor no podía abandonar al menor en el camino que habían elegido, así que también creo que si alguna vez su confianza flaqueó, el velar por Juan lo hizo mantenerse firme
Finalmente, y aunque no tenemos indicios del porqué, él fue uno de los 3 apóstoles más cercanos a Jesús... no como Andrés, hermano de Pedro, que fue el primero de todos en seguirle, pero que no fue invitado a presenciar su transfiguración ni se le pidió que acompañara a orar en Getsemaní.
Y fue el primer apóstol mártir, en morir por declararse fiel a Jesús, era también obispo de Jerusalén, era una de las piedras firmes de la primera iglesia, y tenía un complejo que no se quita, un complejo de varios santos (y hermanos de santos) han tenido, que hoy en día muchos aún tenemos, tenía complejo de hermano mayor.
Santiago “El Mayor” Apóstol, Obispo y Mártir.
Fiesta: 25 de Julio