martes, 18 de noviembre de 2014

Una Rosa más


Ya había hablado antes de la importancia de Santa Rosa en mi vida, pero también había dicho que este año ella me prestó su nombre una vez más para algo completamente diferente, bueno, tal vez no completamente….
Este año me “pidieron” ser catequista por primera vez, y como no podía negarme, literal, acepté. Me pusieron a trabajar con dos personas, un chico y una chica, él había sido guía antes y aunque se había alejado antes tenía un amor a María tan grande, tan grande que impactaba, ella se había confirmado el año anterior y la persona más dulce que podía existir.
Los tres debíamos elegir un nombre para nuestra mesa (el grupo que dirigiríamos) sin embargo no lográbamos ponernos de acuerdo en ninguno, en teoría mi opción debía ser la primera, la de él la segunda y finalmente la de ella la tercera, mas después de presentar nuestras propuestas, contra todo pronóstico, fue la tercera opción la que resultó victoriosa, fue Santa Rosa quien se impuso.
Santa Rosa, una vez más…
Las primeras semanas eran alrededor de 10 almitas, pero conforme al paso del tiempo, y los horarios complicados de todos, quedaron 8. 8 personas cuyas almas debíamos guiar en un retiro que se cuenta entre las luchas más encarnizadas que he vivido.
Tras ese fin de semana tuvimos que dejar a una partir a integrarse con un nuevo grupo, a pesar de ello nunca dejamos de verla y de cuidar de ella, Santa Rosa ya había tocado algo en ella y sé por experiencia lo celosa que es la Santa de las almas que a ella se encomiendan.
Y quedaron 7, 7 como los dones del Espíritu Santo que hace un par de días recibieron, los he visto crecer, sus rostros han cambiado, ahora proyectan luz, su mirada tiene amor y entendimiento y sobre todo fe.
Conocimiento, ciencia, consejo, piedad, temor de Dios, inteligencia y fortaleza; 7 dones, siete dones que les fueron dados por el obispo, en ese momento en el que les da el Espíritu que él mismo recibió y que nosotros, equipo, guías, madrinas y padrinos, habíamos recibido antes también.
Ahora ellos son Cristo mismo, ahora ellos son soldados, ahora hay fuego en sus almas, y temo, ¡Cuánto temo! Que ese fuego se apague, que el brillo que ahora habita en su mirada se opaque, pero sé, lo he visto tantas veces, 104 recibieron el mismo fuego, mis siete hijos incluidos,  lo más probable es que muchos se aparten. Y en un afán egoísta tal vez el corazón impregnado de maternidad ruega “mis hijos no, ellos no”.

Santa Rosa los eligió, no fueron ellos, no fuimos nosotros, Santa Rosa nos eligió y conociéndola lo que la conozco no los dejará desamparados. Hágase según lo que Dios quiera. 

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